La luz de la Naturaleza

La estación madrileña de Atocha, construida entre 1889 y 1892, es una gran nave de hierro y cristal de 152 metros de largo por 48 metros de ancho y 27 metros de altura. En 1992 se le añadió una ampliación realizada por Rafael Moneo, destinada al funcionamiento del AVE, que incluye, junto a las taquillas de RENFE, un jardín tropical, que abarca 4.000 m², con más de 7.000 plantas de 400 especies distintas (especialmente curiosas son las variedades de plantas carnívoras y las acuáticas) que termina en una balsa llena de peces y galápagos.

La pregunta que me cuestiono es si realmente se puede engañar a las plantas. En este caso mi respuesta debería ser que no, ya que incluso con la entrada de luz natural y la continua generación de vapor por parte de unos tremendos aspersores, las plantas de esta instalación parecen no sonreír, ya que les falta lo mas importante, el sol. La instalación de potentes proyectores de halogenuros metálicos y sodio con diferentes temperaturas de color, aun siendo una buena idea inicial, no consigue generar una luz parecida a la natural.

Sabemos que nunca podremos imitar la luz del astro rey, pero quizás si que podríamos simular su dinamismo, la luz en la naturaleza, nunca es estática, y las plantas y los animales así lo perciben. Es por ello que, en mi opinión, podría ser interesante que la luz de este espacio fuera de carácter dinámico, ayudando así a las plantas y animales que en el viven a creerse que están en un entorno natural de verdad. Quizás así podríamos también nosotros, simples visitantes del mismo, percibir cómo serían las sombras generadas por la luz del sol en una selva real.

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