Queda mucho por hacer…

Cada vez que tengo dudas sobre nuestra complicada profesión, al puro estilo de Kafka con la Colina de Petrín, me subo al funicular y me planto en el mirador que hay a los pies del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, vulgarmente conocido como la Iglesia del Tibidabo, ideada por el arquitecto Enric Sagnier i Villavecchia y finalizada por su hijo Josep Maria Sagnier i Vidal en 1961.

Este particular mirador te permite tener una perspectiva maravillosa tanto de la majestuosa construcción, como del mapa urbano de Barcelona. Pero no es hasta que cae la noche cuando podemos apreciar la magnitud de la tragedia. Barcelona es una ciudad unida al mar, y con una atmósfera húmeda por excelencia. Esta humedad unida a la creciente polución, y a la iluminacion nocturna de la ciudad, generan una áurea digna de estudio. Es cuando aparece esta áurea cuando empieza mi excitación, es cuado veo esta áurea, cuando siento que se pueden hacer las cosas mejor, y es por ello, que creo profundamente, que entre todos los profesionales de la luz podemos ayudar a mejorar esta imagen, y que algún día podremos ver ese mar que ahora queda oculto en el fondo.

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